Ventajas del consumo agroecológico

Relacionamos una serie de ventajas que aporta nuestro consumo alimentario en los ámbitos de nuestra salud, precio, ambiental, social, potenciación de la economía social y local….que garantizan la agroecología.  Enumeramos de cada uno de estos campos una serie de ventajas que consideramos de interés, si bien es verdad que somos conscientes de las afinidades con las motivaciones de cada lector.

Alimentos más saludables

Los productos locales cultivados con los conocimientos tradicionales y ecológicos son más sanos. El estar libres de semillas transgénicas, de abonados sintéticos para fertilizar las tierras, de tratamientos químicos agresivos  para combatir las plagas y las enfermedades de las plantas…, productos todos ellos que con su ingesta acumulan residuos tóxicos en el organismo humano, por lo que ayudan a desarrollar algún tipo de enfermedad.

El cultivo local favorece una alimentación más variadaLa agricultura convencional tiende al monocultivo, buscando el máximo de rentabilidad económica, sin embargo, los pequeños agricultores locales y agroecológicos se  esfuerzan  en  mantener vivas  variedades autóctonas de frutas y hortalizas. Es escandalosa la pérdida de diversidad de semillas.  Además, llevar una dieta variada es muy beneficioso para nuestro organismo contribuyendo a mantener un buen estado de salud.

Comemos productos de temporada. Comer frutos locales es comer productos de  temporada. La importación de hortalizas y frutas procedentes de otros puntos del planeta nos hace olvidar que la inmensa mayoría de los frutos  no se pueden cultivar durante todo el año. Comprar directamente a los productores te pone en contacto con las estaciones del año aprendiendo y apreciando a diferenciar cuándo es el mejor momento para consumir cada fruto.

Los productos locales son más frescos que los productos transportados desde largas distancias y conservados en cámaras frigoríficas.  Al comprar local estamos obteniendo un alimento cosechado en el momento óptimo de maduración y poco antes de llevárnoslo a la boca, lo que también significa que los alimentos locales pierden menos  nutrientes que los “alimentos viajeros”, tardan más tiempo en perder sus propiedades al  estar recién cosechados en el momento de su adquisición y no se le aplican  productos añadidos para conservarlos.

La comida local sabe mejor. Un terreno de cultivo fertilizado con estiércol le aporta a la tierra una mayor cantidad de nutrientes y minerales que se traspasaran en el proceso de maduración de la planta al fruto, aportándole más sabor y propiedades nutricionales. A ello le sumaremos que al ser local la recolección es reciente,  por lo que no ha sido mantenido artificialmente en grandes cámaras frigoríficas, tratadas químicamente para evitar parásitos y podredumbres  que le restan sabor y nutrientes.  El ejemplo más evidente lo tenemos con los “no sabores” del tomate.

Conocimiento y revitalización del territorio

Saber, conocer y, si es posible, visitar y ayudar en el trabajo de la tierra que produce lo que comemos es muy gratificante. Se trata de acercarnos al medio natural que nos rodea y proporciona los alimentos que  comemos para conocer sus virtualidades, problemas, las bondades y dificultades de los cultivos… Todos estos procesos redundarán en comprender y comprometernos mejor con el medio ambiente más próximo que nos envuelve, al tiempo que nos alimenta.

Comprar directamente al productor es educar. Si compras en el mercado del agricultor o en la propia finca, puedes hablar con el labrador y preguntar sobre cómo se ha cultivado el fruto, sus propiedades, sus manejos y dificultades, cómo cocinarlo, etc. Para todos, pero especialmente para los niños, puede ser emocionante ver cómo crecen los alimentos que comemos, conocer su ciclo vital y su entorno. Se trata de recuperar los vínculos  de los consumidores con la tierra y con las personas que la cultivan, durante décadas perdidos.

Conocer y valorar las variedades de fruta y hortalizas de cada zona es un activo cultural diferenciador y único, contribuyendo a la diversidad cultural gastronómica en contraposición a la homogenización que supone la invasión de “comida rápida” a la que nos someten.

Medio ambiente

Los productos ecológicos y locales son más saludables y beneficiosos para el consumidor y el medio ambiente, ya que no contienen aditivos químicos perjudiciales ni pesticidas, y suponen un importante ahorro en las emisiones de CO2. El transporte de  los frutos desde lugares remotos se estima en unos 4.000 kilómetros por término medio por producto, lo que causa  elevadas emisiones de CO2, contribuyendo al cambio climático. Por el contrario, adquiriendo productos locales y agroecológicos estaremos realizando un consumo responsable y sostenible, evitando el daño producido al medio ambiente y, consecuentemente, a nosotros mismos. Es de  lamentar que la fértil vega de granadina apenas contribuye a la alimentación de sus habitantes.  Lo mismo podemos decir de nuestro litoral que podría abastecernos en otras estaciones.

Reducir la tirada de alimentos. Sabemos oficialmente que un tercio de los alimentos terminan en el contenedor de la basura. Por estética, una parte de los alimentos producidos para los supermercados se desperdicia  porque no tienen el tamaño, color o forma adecuados.  Nos han acostumbrado a comer más con la vista que con  el  Los agricultores locales que cultivan de forma ecológica ofrecen la mejor calidad,  y suministrarán  frutos menos homogéneos, porque así es como la naturaleza hace las cosas.  La uniformidad se consigue a base de manipular, forzar  y tratar químicamente los frutos.Actualmente, la inmensa mayoría de los supermercados priorizan la oferta de productos previamente envasados que no se ajustan en muchos casos a las cantidades requeridas por el consumidor, lo que es causa  de desperdicios de alimentos.

Reducir y reutilizar el embalaje. También los envases empleados en los circuitos convencionales  son de un solo uso. El 40% de los residuos que generamos en el mundo proceden del embalaje.  Bandejas de carne, de embutidos, tetrabriks, enlatados, conservas…  Los distribuidores imponen el estilo de vida que más les conviene.  Sabemos que los plásticos son un derivado  del petróleo –un recurso no renovable– y  que  le queda  una vida demasiado corta y contaminante.
A veces hay que mirar  hacia atrás para poder seguir avanzando.   Si hacemos un viaje a un pasado no tan lejano, veremos que prácticamente no existían embalajes de un sólo uso. Todos comprábamos  con bolsas de tela,  cestas, hueveras y  botellas de vidrio retornables.  Ahorraríamos miles de millones de toneladas de residuos y gases nocivos  a la Tierra, que se traduciría en más vida y de más calidad.

En la distribución local y agroecológica se reutilizan bolsas, cajas, envases, envoltorios…,  y no malgastamos  en embalajes  y plásticos innecesarios.  También incorporamos la venta a granel lo que supone una un ahorro estimable de materiales.

Ayudas a mantener y potenciar la biodiversidad local.  Hemos perdido el 75% de la diversidad agrícola y alimentaria, según cifras de la FAO.  Este verano  nos alarmaba el informe de Evaluación Global sobre Biodiversidad (IPBES) de la ONU, advirtiendo que 1 millón de especies están en peligro de extinción, más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad. Al consumir localmente contribuyes a rescatar las semillas con las que se alimentaban nuestros antepasados, perfectamente  seleccionadas y adaptadas a las condiciones de suelo, agua y clima de tu zona, en un proceso que se extendió durante siglos. Recuperar y mantener ese legado vegetal es una responsabilidad muy hermosa a la que debemos voluntariamente sumarnos.  Al consumir localmente podrás comer variedades  que normalmente no encontrarás en el supermercado y, así,  estarás ayudando a mantener la biodiversidad productiva del territorio que habitas.

Conservación del paisaje.  Es sorprendente la velocidad con la que ha mutado el paisaje de cada territorio durante el último siglo, sometido a presiones del hombre de diversa índole. La agricultura local y agroecológica contribuye muy positivamente en la conservación y recreación de paisajes y ecosistemas variados en equilibrio ambiental…

Precio

El precio pagado a los agricultores es mucho menor que el que pagamos en los supermercados. Esto es debido a que el distribuidor está ganando un margen excesivo. El diferencial entre el precio que se paga al agricultor en el campo y el que nosotros pagamos en el supermercado continúa subiendo. Hoy, el coste del producto alimentario de origen a destino se multiplica de media por 4,52, según el Observatorio Oficial de Precios.  En algunos frutos la diferencia porcentual entre lo pagado en la huerta y el “súper” por alimentos como el calabacín, el repollo y la berenjena  llega a alcanzar el 950%, 808% y 717% respectivamente, según el Índice de Precios en Origen y Destino.

La agricultura industrial está pensada por y para el agronegocio que encarece caprichosamente los frutos y que actúa en detrimento de aquellos que siempre han cuidado y trabajado la tierra con métodos tradicionales de cultivo, respetuosos la salud de las personas y del medio ambiente.

Esta perversa dinámica solo consigue empobrecer y aburrir al agricultor para que se vea obligado a abandonar el campo y, así, dejar libre de  competencias  molestas a las grandes empresas acaparadoras de tierras, que practican exclusivamente el agronegocio, que busca exclusivamente su mayor beneficio económico.  Es entonces cuando  entran en juego las multinacionales que venden semillas, abonos químicos, productos fitosanitarios  y, en la última fase, la de maduración y recogida del fruto,  cierra el círculo los poderosísimos tentáculos de las escasas grandes distribuidoras de alimentos que abusan del diferencial entre el precio pagado al agricultor y el de venta al consumidor. Todo este conglomerado de empresas transnacionales son las que verdaderamente se llevan  gran parte de la tarta, apropiándose de un margen económico razonable que permita vivir dignamente al pequeño agricultor.

En sus antípodas se sitúa la producción y distribución local y agroecológica seleccionando semillas autóctonas adaptadas, fertilizando las tierras de cultivo con estiércol de ganaderías próximas, elaborando caldos para contrarrestar plagas y evitando intermediarios al vender a  consumidores locales.

El resultado final es claro, el abandono y cierre de la pequeña empresa agrícola, que es la que tradicionalmente nos alimentaba, a favor del agronegocio de esas pocas multinacionales que actúan y en detrimento de los pequeños agricultores.  Si no, ¿cómo se explica que en Europa cada día más de mil explotaciones agrarias tengan que cerrar? Así lo dice la Coordinadora Europa de La Vía Campesina. O, ¿que en el Estado español únicamente el 4,3% de la población activa se dedique a la agricultura? La respuesta es fácil: a la hora de vender frutos, quien menos gana es aquel que los cultiva.

Los mejores frutos agroecológicos  locales y al mejor precio. Para conseguirlo es imprescindible la creación de grupos de consumos que organicen la compra directa al agricultor.  Los frutos agroecológicos no  tienen  porqué ser más caros que los convencionales, siempre que nos organicemos los agricultores y los consumidores para evitar el sobrecostes de los intermediarios y de la gran distribución, con el objetivo de repartir entre ambos las abusivas diferencias entre lo que se le paga al agricultor en origen, en el campo y el precio que paga el consumidor en el “super”,  ofreciendo una buena relación calidad-precio. Se trata de comprar alimentos locales de calidad a un precio digno para el agricultor y justo para el consumidor.

Frutos locales y agroecológicos para todos. Estos frutos no tienen que ser privativos para una élite social siendo inaccesibles en términos económicos para amplios sectores sociales. Para conseguirlo los grupos de consumo reparten las abusivas comisiones de los intermediarios y la gran distribución.

Hay personas que encuentran más práctico recibir una  cesta semanal en casa en lugar de ir de compras.

Beneficios sociales

Cultivando un nuevo modelo de relaciones sociales. Uno de los elementos clave de esta nueva aproximación al consumo de alimentos es la voluntad de sentirse parte de una comunidad que se involucra positivamente para empoderarse  y propiciar un cambio de hábitos. Para ello, el  ánimo  de colaboración entre los  distintos miembros del grupo de consumo  es un elemento relevante.

La distribución  semanal de las bolsas de consumo  contribuyen a la creación de nuevos contactos y relaciones sociales. Algunos grupos de consumo se reúnen y organizan eventos sociales y medioambientales. Se implican activamente en la divulgación de la alimentación sana, la soberanía alimentaria, el comercio justo, el consumo consciente, hábitos respetuosos con el medio ambiente, etc. Y, para ello, organizan charlas , catas y degustaciones de alimentos ecológicos, ferias, mercados, actividades para niños, “domingos verdes” en el campo, etc. Todo este cúmulo de actividades contribuye a crear  redes  de relaciones sociales, con proyección social, que crean  una sociedad más convivencial.

Desarrollo local

El consumo local da prioridad al uso y consumo de productos e insumos locales, de forma que los beneficios se multipliquen para los habitantes de un territorio. Se trata de recuperar  los hábitos de consumo locales de siempre, abandonados en las últimas décadas por el proceso globalizador en el que nos vemos  inmersos, que prima el beneficio económico de grandes oligopolios en detrimento de la inmensa mayoría social que ha maltratado  y de la sostenibilidad del  medio ambiente.  Por  eso surge en los últimos años como un movimiento reactivo a la dinámica económica.  Trata de potenciar  una economía solidaria basada en la creación de  relaciones  y redes de colaboración y apoyo entre las personas  que conviven en un territorio para priorizar el beneficio de las personas y del planeta  sobre el meramente económico.

Comprando a los productores locales apoyas el desarrollo económico y sostenible del territorio en el que vives. Con ingresos dignos, los agricultores no abandonarán, permanecerán o retomarán sus  tierras de cultivo. Comprando a proveedores locales damos trabajo a otras familias de nuestro entorno.  A medida que crecen económicamente se empleará a más gente local.

Consumir productos locales es beneficioso para la economía local. Un euro gastado en productos cercanos o de proximidad genera el doble de riqueza para la  economía local que ese mismo euro gastado en un gran hipermercado cuya matriz es extranjera y que sin duda alguna exportará el beneficio. La compra en el mercado local  ayuda a los agricultores y a otros profesionales locales a vivir y prosperar.

Impidiendo oligopolios. El 80 % de los productos de alimentación que se distribuyen en España lo controlan  5 grandes empresas distribuidoras, las cuales hacen y deshacen en cuanto a precios finales se refiere.   Apoyar a los pequeños agricultores  sirve para luchar contra estos oligopolios y ejercer nuestro derecho a  la soberanía alimentaria

Por todo ello, te animamos a que compres a los agricultores ecológicos de tu zona,  

en mercados locales o a través de Grupos de Consumo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies